Santi Molezún 2022

Santi MolezÚn

broken boat at playa de los pescadores in uruguay

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Hoy es Domingo, he pasado estos días preocupado por la vida de mi gata «Gloto», cada vez esta más endeble, y se tambalea hacia los lados como la política, empieza a tener perdida del equilibrio. He conseguido que coma un poco y que beba agua, pero no avanza, se me va lentamente y no puedo hacer nada contra ello. La tengo en mi cuarto, encima de la cama, no se mueve de allí. Entro y salgo constantemente para ofrecerle mis cuidados como una madre. Me mira con sus ojitos sin parpadear, fijamente, apenas se mueve, le acaricio la cabeza y debajo de la barbilla y me pide más moviendo el cuello hacia mi mano.

La quiero tanto que esto me esta ahorcando. Trato de mantener la cabeza ocupada fuera de esta soga, friego la loza de la cocina una y otra vez, cambio la arena de los gatos, barro, paso la fregona, y ahora, le he pedido a Dani que me pinte una habitación de blanco, que me la arregle, ya que está súper vieja y sucia toda la pared, como mi vida.
Quiero tener la casa limpia, ordenada, blanca, necesito luz, pero esto no es más que una línea de fuga, no es otra cosa, estoy huyendo de la realidad y trato de hacer cosas que me transmitan paz y alegría como terapia. Es curioso, fregar y limpiar me lo transmite. Tengo alma de «Maruja».

Sigo desde hace muchos años el «Fen­g Shui», soy de la escuela de la brújula, lo uso a diario para ayudar a mis clientes y ahora lo aplico a mi vida inconscientemente. Cuento hacia atrás, en todo cuanto hago, preparo todo no sé para que, como si precisase equilibrio y supiese que tengo que ir almacenando bienestar para dentro de unos días, sé que me caeré hundido y que no voy a poder hacer nada en esos momentos.
No es solo lo de «Gloto» lo que me deprime, que lo hace, son mil cosas que están ahí impasibles en el paso del tiempo. La futura muerte de mi gata es solo la punta de un gran iceberg.

Me llaman clientes, les atiendo energéticamente, escucho y doy consejos, como si estuviera pleno, feliz, lleno y tranquilo. Transmito esa sensación y soy consciente de ello, pero no es más que mi auto terapia. Me obligo a creer que estoy bien, aunque no sea cierto y es tan creíble que acabo por vivirlo como cierto. Finalmente estoy bien, artificialmente desde dentro de mí. Cual drogadicto que se acaba de pegar un chute caliente de heroína.
Manejo mi cerebro como quien maneja el motor de un fueraborda y lo llevo a donde quiero, pero mi alma no cesa de llorar.

Esta semana me he comprado un teléfono «Nokia N70», un buen aparato, para realizar video ­conversaciones con mis clientes, les echo las cartas «face to face».
Miro el teléfono y juego con él, programo mis citas, las exporto desde el Outlook Express y organizo mi trabajo con mis clientes, orden, orden y más orden, trato de organizarlo todo de nuevo. Las Visas de Enero, las de Febrero, las de Marzo, lo que llevo de Abril, coordino todo a través de las fechas y horas de consulta. Estoy enfermo, aunque no me viene mal esta organización laboral, en una vida tan caótica.

Tengo ansiedad, como y vuelvo a comer, me despido de un cuerpo danone que nunca fue, a la vez que saboreo dos «donuts» de chocolate. Lo necesito, necesito placeres y bienestar, si por mí fuera, estaría esta temporada todo el día comiendo, durmiendo y follando. Anhelo ir a la playa a pasear, pienso que quizás deba hacerlo. Irme a la playa a descansar cual viejo barco encallado en la orilla de esta puta, jodida, monótona y ramplona vida como decía «Pío Baroja».



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