Santi Molezún 2022

Santi MolezÚn

Mi alma gemela

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Un día como hoy apareció en mi vida un chico de 18 años, alto, de 1:82, con ojos muy grandes y muy delgado.

Había quedado con decenas de personas en búsqueda de compañía, de sexo, de «amor rápido». Vivía en un proceso de lucha interna por no estar sólo. Conocí a un sin número de amantes que solo me valían para desahogar mis lágrimas a cada noche que me acostaba sólo en esa cama tan enorme. Actuaba como una prostituta, pero sin mercantilismo. Eyaculaba y continuaba con el chico hasta que él terminaba. Muchas veces lo hacía sin ganas, como quien cambia las marchas del coche mecánicamente, les daba placer como un buen profesional, me fumaba un pitillo mientras se duchaban y seguía con lo que estuviese haciendo antes de que llegase, mientras el chico se iba, seguía con mi vida como si allí no hubiese pasado nada. Mi comportamiento era completamente libre de complejos, tabúes o miedos.

Era muy liberal en cuanto a conocer gente, pero no siempre había sido así.

Me pase un largo espacio de tiempo con una extensa vida sexual, satisfaciendo los deseos de todos ellos y los míos propios. Algunos eran feos, o poco atractivos, otros increíbles cómo príncipes de un cuento, algunos solo eran sexys, pero sin cerebro, algunos mayores que a mí me veían cómo un jovencito y la mayoría jóvenes que buscaban un maduro con experiencia. Había días que quedaba con más de uno, porque la experiencia no me satisfacía lo suficiente o había terminado muy mal. Alguna fue peligrosa, otras arriesgadas, otras totalmente anónimas y sin luz para no vernos.

Pero mis relaciones con ellos se limitaban al sexo, a penas hablábamos. Si me hablaban no me interesaban, no quería ningún tipo de compromiso. Era frío como mi vida y no buscaba más que compañía y relax durante un rato dentro de un infierno mental depresivo.

En este extenso currículum apareció cuando ya no imaginaba final de mi vida como prostituto, un joven y guapo: «Daniel».
Se presentó en mi casa a la noche, para conocerme, habíamos hablado una conversación larga y sincera por Internet, uno de esos días en los que no conseguía ligar con nadie, porque también había días así. Me pareció distinto, tenía una forma de escribir con inteligencia y perspicaz. Le invité a casa, como siempre invitaba a los que conocía por internet, pero me insistió en que él no vendría a practicar sexo, que no buscaba esto, que si quería solo vendría a tomar un café y conocernos en persona.

Comprendí evidentemente su tarjeta de presentación y le abría la puerta de mi casa, era muy alto y delgado, mucho más que yo, pues medía unos 25 cm más, llevaba un pelo peinado con un pequeño tupé y una camisa a cuadros, tenía cara de jovencito, después de hablar 6 largas horas seguidas en mi salón:

-¿Ves?, Al final no hemos tenido que follar, me dijo cuando ya se despedía en la puerta.

Yo le agarre de la mano, y le dije : – Vete a mi cuarto desnúdate, voy ahora.

Acabamos haciendo el amor repetidas veces.

Me parecía excesivamente joven, pero legalmente, no tenía problema en estar con él, ya tenía 18 años. Así que tejí mis redes de araña y lo devoré. Pero esta vez había una diferencia con el resto… ¡hablamos en la cama!, después y durante el acto ¡hablaba y hablaba!, no paraba. Esto fue una evidencia de lo que vendría.

Cuando se vistió y se fue, se despidió con un «Te quiero«, al cual yo escapé chillando:

-­¿Pero que coño me estas diciendo?.¿Como me vas a querer si nos acabamos de conocer?, ¡Uf no chico no, tú te equivocas conmigo!, o quizás yo lo he hecho acostándome contigo, pero no busco nada de nada…!Lo siento mucho pero creo que no vamos a poder volver a vernos!.

­- Perdóname me dijo él, tímidamente, se me escapó, no sé por que…Es que estaba tan a gusto…
­- No chico no, ¡ni de coña!, ¡no!, aunque estés a gusto, solo eres un amante más, lo siento…, le increpe con mi habitual mal genio.

­- ¿Podremos volver a vernos?, preguntó.
­- Si tienes claro que solo somos amantes sí, ¡sino no!, le dije.
­- Lo tengo claro, perdona.¿Quedamos mañana?.

Aquel día como hoy, empecé a conocer a un chico que iba a estar TODOS los días durante un mes insistiéndome en tener una relación de pareja conmigo. Treinta días en los que yo me negué a cualquier compromiso, y en los que seguí viéndole cada día más horas.
Nos hicimos buenos «folla-­amigos», hablábamos de cine, de amigos comunes, de la noche, de la vida, de todo, pese a nuestra diferencia de edad, nos entendíamos muy bien.

Le prestaba mi ropa y le arreglaba, lo vestía como a un muñeco para que estuviese con «más estilo», «mi estilo»(siempre cometo el mismo error). Intentaba hacer que le conocieran mucho más atractivo de lo que era, que conociese a otros chicos en los pubs gays y ligase con ellos para así poder conseguir que se desenamorase de mí. Aquel chico de ojos grandes, cada día se desvivía más por mis huesos.

Un buen día conoció a «Alfonso», otro chico homosexual que era también mayor que él. Empezó una media relación de «amantes ­amigos», mientras seguía enviándome mensajes al móvil mientras lo veía o llamadas perdidas.
Yo no estaba celoso, al contrario, quería eso, me mantenía expectante para ver si por fin me dejaba de insistir sobre lo nuestro…
Me porte mal, reconozco haber sido demasiado frío y distante, pero era un perro herido de unas relaciones anteriores, aniquiladores de almas que despedazaron mi vida.Desde mi primer amor hasta este, todos habían sido un fracaso.

Un buen día Dani me comento con la confianza que yo le había enseñado:

-­Hoy me voy a quedar a dormir por 1ª vez con Alfonso en su casa, me lo ha pedido.

En ese momento mi corazón herido despertó como un volcán en erupción y me empecé a sentir mal, muy triste, celoso, enfadado, me di cuenta que sentía algo… más que sexo por este adolescente.

Le dije:
­ – No, ¡no lo hagas!. Sal conmigo, ¿quieres ser mi novio?
­ -¿Cómo dices?, me respondió alucinado
­ – Que te quedes en mi vida, que quiero salir contigo, que no vayas a casa de Alfonso a dormir por favor.
– Dani ilumino su cara como nunca había visto, sonrió de oreja a oreja y me dijo:
­- ¿Estas celoso?, preguntó picándome.
­- No, no lo estoy, mentí.
­- Sí, ¡si lo estás!, ¡me quieres!, ¡me quieres!!!!

Desde entonces hasta hoy han pasado 22 años, de convivencia, de pareja, de amor y de comprensión.

Hoy es nuestro aniversario, Dani sigue enamorado de mi y hemos pasado juntos de todo, hemos sobrevivido a grandes vendavales, compartido penas y alegrías, y nos hemos llegado hasta a pelear y a hacer daño. Hemos roto varias veces, la última duro 4 meses. Pero después de mucho chillar, reír, pensar, llorar y sentir, hoy años después de esto, solo sé una cosa, que le quiero y que no sabría vivir sin él. Hemos crecido juntos. Nos hemos respetado y conocido en lo bueno y en lo malo. Nuestras familias nos quieren y apoyan, y hacemos una vida juntos acoplados a las mareas del destino que suben y bajan, y nos mueven cómo a una misma concha de mar.

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