Santi Molezún 2022

Santi MolezÚn

Playa de Queiruga

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Hoy he ido a las 6 de la tarde, a la playa por primera vez en este año tan agotador, ya han empezado los días con buen tiempo y he aprovechado el poco sol que calentaba para ir corriendo a desnudarme a la playa a la que voy desde hace años.
Me gusta hacer nudismo, me gusta que me de el aire y el sol por toda mi piel, esta playa es ideal porque tiene unas vistas muy bonitas, está semi salvaje y aunque hay alguna gente esparcida, casi siempre está vacía de masas.
Lo mejor de «Queiruga» es que es grande, puedes pasear en ella con total comodidad, ya que es nudista. Las perras corren a sus anchas y se persiguen una a la otra por la orilla, todo el mundo que lleva perro lo suelta, lo curioso es que nunca he visto que se peleen entre ellos, sino al contrario.

No suele haber gente con cuerpos danone, así que estás libre de complejos de una playa de «marimúsculas». A poca distancia está el «Castro de Baroña», de hecho puedes llegar andando por sus calas cuando baja la marea, cada cala es aún más bonita, muchas veces paseo hasta allí con Sergio y con Dani.
Llegas andando a unas determinadas rocas donde se «cancanea», mercado gratuito del sexo por sexo. Buscar relaciones esporádicas en esas rocas es tan fácil como encontrarte con miradas sin tabúes que te observan como carne fresca de presa. Es parte de la libertad de Galicia y parte de un mundo asentado en la comodidad de lo rápido: comida rápida, dinero rápido, sexo rápido, aplicaciones en el móvil para ligar, me pregunto ¿Por qué tanta prisa?.


Quizás porque no tenemos ganas de esperar a que surja una oportunidad por el azar, de lo que con una serie de estrategias convenidas en grupos, de generación a generación, conseguimos en unos minutos lo que buscamos. Morboso y rápido es el sexo que puedes encontrar allí, aunque quien sabe, quizás, también amor. ¿Por qué no?, en la promiscuidad sexual radica el cúmulo de experiencias diferentes, y por tanto la posibilidad de conocer gente interesante. Estoy a favor de ello completamente, ¿que más natural que el sexo al aire libre?. Siempre que paseo hasta allí voy con gente y con las perras, con lo cual me olvido de lo del sexo por sexo, pero debo reconocer que me da mucho morbo imaginarme ir yo solo y dejarme hacer por desconocidos lo que a todos nos gusta que nos hagan, o incluso hacérselo yo mismo a una o varias personas que me atraigan. No tengo freno.

Mi pensamiento dura solo fracciones de minuto, debo pensar en otra cosa inmediatamente, porque las evidencias cuando uno esta desnudo son difícilmente escondibles…, cuando me imagino esto al instante lo debe saber la playa entera y me muero de vergüenza. ¿Como ocultas un pensamiento erótico cuando estas completamente desnudo?.Pensando en cosas que te bajen la libido, ¡pero cuanto menos quiero que se me levante la bandera, más se alza en fiestas!. Mientras me muero de risa me pongo más nervioso y aún podríamos colgar una pancarta en ella.

Al margen de mis fantasías sexuales, esta playa me da paz, me transmite equilibrio, pasear por la arena mojada, y sentirlo me recarga de energía, me masajea los pies a cada paso y mis pensamientos se reciclan, se ordenan, veo la vida más fácil, como si hubiese llegado al final de una larga etapa. Aquí no es difícil dejar la agresividad de la que me habla mi psicóloga.

Me mojo y el agua me transmite su energía, su poder, me limpia, me impone sus normas y me hace ver lo insignificante que soy dentro de ella. «Yemanjá» siempre reina.

Cuando salgo, me tiro en la toalla y leo un libro que me suena a gloria, sus letras entran en mi cabeza con facilidad, y respiro hondo. ¡Estoy tan vivo!.

Al anochecer devoro unos bocadillos, una empanada de carne, y disfruto de un «hasta mañana» del sol, que me deja anonadado mirándolo al horizonte sentado en una roca y amando a Dios por haberlo creado. Sus rayos han estado todo el día proyectándose sobre donde estoy sentado, y el calor que desprende la piedra me transmite su energía.
Unos delfines pequeños, aquí los llamamos «arroaces», juegan cerca de la orilla, me acerco a verlo y a disfrutarlo. Me apetece nadar con ellos, pero no me atrevo.

Cada vez que vengo a esta playa nos quedamos solos, no hay nadie cuando nos vamos, solo arena, el mar, la caída del sol y las gaviotas.

Mientras sueño con tener una casa en la playa, despertarme todos los días oyendo el mar y desayunar sobre la arena, Dani me dice si nos vamos a casa. Limpiamos de papeles todo lo que ensuciamos y volvemos al coche de nuevo a mi realidad, que es la que tengo por ahora…

Vuelvo sin casa en la playa, sin sexo en las rocas, sin desayunos mirando al mar, sin puestas de sol diarias, pero traigo algo que me ha llenado el alma, al menos por unas horas.

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