Santi Molezún 2022

Santi MolezÚn

¿Eres feliz Santi Molezún?

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Gracias por todos tus comentarios «Pablo Regueiro», me ha gustado mucho lo que has escrito en mi diario sobre mí, me va a caer la baba de tanto agrado. Sabes que a los nativos bajo el signo de Leo como yo, no conviene adorarles el ego porque en seguida se ensalzan…

Me gusta que colabore la gente en este libro que eres tú Diario mío, me parece que te enriquece y te hace adoptar varias formas y estilos. Eso me gusta, es como un soplo de aire limpio para quien lo lee.

No creo que yo sea una persona difícil de entender, y tú me conoces.
No como otros, que se dedican a desprestigiarme, insultarme o calumniarme injustamente motivados por el odio, el rencor, la envidia y los celos.

Me he prohibido a mi mismo leer las críticas, para no sacarme de mis casillas porque siempre las contesto y monto polémica, que acaba por quitarme energía y ponerme de muy mal humor.

Adoro las críticas constructivas que están basadas en realidades, pero me hieren el orgullo aquellas que están basadas en la nada y que van a dar al mismo «Kilómetro 0»: dañarme o dañar mi imagen pública por el simple hecho de fastidiar.

Suelen ser escritas por personas que ni me conocen, que jamás se han tomado un café conmigo, ni han venido a echarse las cartas a mi consulta. Personas que no conocen mis gustos, ni mis aficiones, ni a mi familia ni a mis amigos, que la única referencia que tienen de mi es la televisión, la prensa o la radio y que si me han conocido en persona han actuado de manera hipócrita, para después transmutar hechos o secuencias del pasado en mentiras o vejaciones carentes de pruebas reales.

Es muy fácil soltar la piedra y esconder la mano, sobre todo cuando uno no da su identidad y simplemente escribe. Echan el veneno a los perros en el parque y alguno caerá muerto.
Vivimos en el país del «marujeo» y basta con soltar una mentira, exageración, o transformación de un hecho, para que enseguida la bola de nieve se haga cada vez más grande y acabe por aplastarlo a uno.

Desde niño me he encontrado con personas que no creen en mi trabajo, en mis facultades, o ni tan siquiera en Dios o en ninguna creencia que no sea la suya delimitada y propia.

Esta gente habla mal de todo lo que no sea lo que ellos mismos, adoptan como verdad absoluta la suya y eliminan con insultos aparentemente cultos, adornados de jergas «seudo-­gramáticas», un montón de hechos que miles de seres humanos han vivido en sus propias carnes durante años.

La intransigencia cultural, sexual o religiosa me indigna, pienso que en pleno siglo XXI debería de haber mucho más «poliformismo religioso», variedad cultural y sexual.

En el mundo hay miles de personas y cada uno tiene una vida, con sus creencias o gustos y eso para mi entender es completamente respetable.

Pero estos señores y señoras de amor a la crítica basura no quieren comprenderlo, les indigna que un periodista haga una entrevista a un brujo, no soportan el éxito o repercusión mediática de algo en lo que no creen.

Desearían esa gloria para ellos mismos, en sus variadas profesiones y arremeten con su odio disfrazado de conjeturas, propio del que no ha triunfado y siente dolor en su corazón al ver que otros si lo hacen.­

Tengo unos 300.000 seguidores de todo el mundo, más de un millón de me gustas en mis publicaciones, miles y miles de comentarios positivos, sin embargo siempre en cada moneda hay dos caras. Cómo cualquier persona más o menos pública genero rechazo por parte de miles de personas. Lo acepto, incluso acepto que algunos deseen mi mal, porque lo entiendo desde sus carencias o falta de autoestima. Pero que lo acepte no hace que me agrade, me hacen mucho daño muchos de los comentarios que leo sobre mí, por eso a veces ni los respondo, porque el «hate» genera «hate», el odio se acrecienta a medida que uno pasa su puerta y decide caminarlo dejando sus huellas. En seguida aparecen personas que no te conocen de nada hablando sobre ti toda cuanta mierda le pase por la boca, sin filtros. Con la disculpa: – Eres un personaje público, así que te jodes…

Cómo si ser popular o conocido te hiciese ser diana de los dardos de cualquiera que necesite depositar en ti su rabia acumulada con otras personas. Nunca le he hecho daño a nadie, siempre al contrario he intentado ayudar a todo el mundo y he dado más de mí de lo que podría.

Pero esto nunca es suficiente para los ojos de quien te odia y no soporta ver que la vida es algo más que su propia visión de la vida, que hay alternativas a todo, que siempre existen colores distintos para observarla.

Soy una persona con una grandísima empatía hacia los animales, hacia las personas que lo necesitan, pero también soy un profesional de las artes esotéricas y cobro, ¡por supuesto que cobro!, vivo de mi trabajo todos los días cómo una gran empresa, soy mi propia marca.

Pero esto no es algo criticable, simplemente es una profesionalización de un quehacer diario a millones de personas. Una forma de supervivencia, de compensar el desgaste energético y de tiempo en mi vida. No es complicado entender que teniendo tantísimos seguidores y millones de clientes es devastador escuchar problemas día y noche y ayudarles. Sino profesionalizase esto probablemente acabarían conmigo, el desgaste es tan enorme que hay días en que me quedo dormido escribiéndote o de pie.

Nadie me ha regalado mi forma de ser, tengo un don, lo he ido mejorando y profesionalizando a lo largo del tiempo, durante 41 años, con entrenamiento, horas y horas de concentración, canalización y trabajo, búsqueda de información y pruebas con muchos fallos. No ha sido rápido o gratuito su desarrollo, he renunciado a muchísimas cosas para ser quien soy hoy por hoy.

No me siento orgulloso, pues detesto mi trabajo, ¡sería feliz trabajando en otra cosa distinta, que no tuviese nada que ver con este oficio tan antiguo!, ¡pero aunque lo he intentado en repetidas ocasiones no he podido!. Con lo que no me queda más remedio que cobrar por ello y vivir de ello lo mejor posible, para poder seguir ejercitándolo bien. Pero créeme cuando te digo que cada día que pasa, todos los días, pienso en dejarlo para siempre. Pero las facturas aprietan, nadie espera a cobrar, y es obligatorio hacerles frente, con lo que al final estoy atrapado en un bucle sin puertas.

Si yo pudiese elegir, no sería Santi Molezún, por tantos motivos…

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