26 de Octubre

Escena en una tienda esotérica con un hombre calvo de ojos verde-grisáceos mostrando un tarot a una mujer vestida de yoga. En el fondo, un electricista instala una antena mientras dos amigos conversan en un ambiente acogedor y místico.

Hoy ha venido al local una mujer muy interesante, profesora de yoga y especializada en acupuntura. Me preguntó por tarots y le fui enseñando todos los que tenía disponibles en la tienda. Terminó llevándose el Tarot de las Eras, una excelente elección. Es un tarot compuesto por 78 arcanos inspirados en distintas culturas y épocas de la humanidad, realmente bello.

Por la mañana atendí a un cliente habitual, un diseñador de ropa de hogar bastante importante. Me consulta cada poco tiempo y hoy no fue la excepción.

Por la noche, volvió el electricista del que te hablé el otro día para instalar la toma de la antena exterior en mi dormitorio. Parece que, por fin, podré ver algo de tele antes de dormirme.

No he tenido más consultas en todo el día, así que he estado de charla con Sergio y Diego, otro amigo que suele pasarse a visitarnos. Diego fue en su momento un gran amigo, venía mucho por casa, pero con el tiempo el contacto se fue perdiendo. Seguimos siendo amigos, pero apenas nos vemos. Cuando lo conocí, antes de estar con Dani, me gustaba mucho. Una noche loca en Vigo tuvimos «cruce de lenguas», pero al día siguiente me soltó que yo «no era su tipo» y que «no había química». En fin, no me quedó más remedio que resignarme y aceptar la amistad. No te voy a mentir, en su momento me jodió bastante.

Hoy en día me río de aquella situación, pero todavía le echo en cara haberme despreciado. Gustarse a uno mismo es importante para gustar a los demás, y yo me quiero mucho, así que el rechazo siempre me lo he tomado bastante a pecho. Es cierto que estaba muy enamorado de él cuando lo conocí, pero también era otra época, y en ese entonces me enamoraba con facilidad, por pura necesidad de amor. Me sentía muy solo. Todos los viernes y sábados salía por Vigo y me quedaba a dormir en casa de Rosa y Raúl, mis mejores amigos de aquella pandilla.

Con el tiempo, entendí que en la vida nada pasa por casualidad. Todo responde a una ley de causa y efecto, aunque al principio no sepamos cuál es la razón. Siempre hay una explicación, aunque a veces tarde en revelarse. Justo cuando había dejado de pensar en enamorarme, apareció Dani. Ha hecho oposiciones a mi corazón, con tan solo una vacante, y de momento, después de seis años, sigue aprobando. Pero aún le quedan las pruebas del resto de mi vida.

Por la tarde volvió el electricista precioso del que te hablé. Me instaló la toma de antena en la habitación para poder ver la tele en la cama. También arregló la luz del portal y la de mi despacho. Me cobró 115 euros. Hasta ahí, todo bien. Pero cuando se fue y traté de recolocar los muebles, ¡ya no cabían! Desde las 10 de la noche hasta las 4 de la madrugada estuve moviendo todo para hacer sitio. Fue como jugar con un cubo de Rubik: sacaba algo de un lado, tenía que meterlo en otro y nunca parecía haber espacio suficiente. Todo por culpa de un miserable centímetro que impedía poner el mueble de la tele en su sitio.

¿El resultado? Nuevo salón y nuevo despacho. Y es que hay enchufes que, aunque pequeños, pueden cambiar toda una vida.

Buenas noches.

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