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Diario de un Brujo

12 de Diciembre

Hoy lunes «Chaparrito» ha «poltergeisteado» los muebles de tres habitaciones de mi casa como le pedí. He decidido cambiar todo de sitio otra vez, siempre estoy cambiando las cosas de lugar, me hace sentir bien y me relaja verlo todo trasladado, el decorado de mi vida ahora transmutado.

Chaparrito es mi «asistento», trabaja para mí limpiando la casa, cuidando a los gatos y paseando a las perras. Su nombre real es «Diego» y tiene sólo 19 añitos de juventud. Argentino de la ciudad de Buenos Aires afincando en Compostela: canta estupendamente, compone, toca la guitarra y se desplaza por la calle a todas partes siempre en patines. Es morenito como un moro guapo, sexy, bajito y con buen cuerpo, pero lamentablemente hetero… siempre le acosamos medio en broma, medio enserio, día y noche, pero sin éxito… ¡uno de tantos amores platónicos sin final y sin principio! por lo que todo ser gay pasa irremediablemente en las fases de su vida sexual platónica imaginaria.

La casa es el espejo de quien vive en ella, la mía es un cúmulo de entes, de muebles viejos y cachivaches en la que nunca hay lugar para nada.
Vivo en un edificio antiguo con las habitaciones amplias y los techos muy altos, las paredes tienen: cuadros, fotos, dibujos y figuras de cartón piedra, de todo lo que se puede colgar. El caos de color reina en la decoración de mi hogar, como en mi vida. He elegido pintarla según el Fen­ Shui, por la «escuela de la brújula» que es la que practico, por eso cada habitación es de un color diferente.

La habitación del sur es la fama, la del sureste es la del dinero, la que está situada en el sur oeste es la del amor, el norte del trabajo, el noroeste son los viajes y los amigos, etc, cada una tiene su función y su correlación con los hechos de nuestro día a día.

Los estantes no tienen más espacio ya para guardar libros, videos, papeles, adornos o más familias. Reina el desorden con orden y el barroquismo del detalle. El «síndrome de diógenes» con magia y estilo.

Siempre acumulo recuerdos, no tiro nada, ¡me cuesta horrores deshacerme de las cosas!, les cojo cariño a cada una porque todas tienen su historia y si las unes son una narración de nuestra vida.
Cierto es que a cuando me armo de valor hago una limpieza general como hoy, tiró todas esas fases de mi vida de las cuales prefiero prescindir, muevo todo de lugar para cambiar mi entorno, con ánimo de permutar algo mi vida. Esto me ayuda a sentirme bien, una buena temporada y lo invoca.

Me pasa lo mismo cuando cambio de teléfono, siempre siento que un móvil nuevo me traerá nuevas llamadas, oportunidades y sueños, que será el móvil que me acompañará en una nueva fase de mi camino, me da muy buen «chi» estrenarlo, siempre me pasan cosas importantes cuando lo hago, me trae muy buena suerte grabar nombres en su agenda virgen y empezar a fuchicar de cero, esto es porque mi mente visualiza claramente su deseo de mudanza. Y realmente muta mi vida, provocado por mí y la psicotronía del subconsciente. Cuando formateo el disco duro de mi ordenador, me pasa tres cuartos de lo mismo.

Cambios que generan cambios, simetrías del pensamiento en lo cotidiano que alterarán nuestro entorno a la vez que nuestro interno, solo precisamos moverlos, borrarlos o estrenarlos y literalmente hacen que se renueve nuestra vida. ¿No te parece sencillo?

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Diario de un Brujo

5 de Enero

Me he pasado todo el día calculando distancias para ver como meter un elefante en una lenteja. Esa es exactamente mi preocupación, como meter todos los muebles de mi tienda en mi casa, que está abarrotada de cosas, sin tirar nada es difícil.

En esta vida, según el «Fen­ Shui», el cual practico por la vieja escuela de la Brújula dice: … «Hay que deshacerse de lo viejo, para dejar entrar lo nuevo». Es un antiguo sistema filosófico chino de origen taoísta basado en la ocupación consciente y armónica del espacio.

No almacenar recuerdos, ni vivir en el pasado, hay que sustituirlo por el presente y por cosas nuevas para mejorar nuestra vida y renovarse con vivencias nuevas, para circule la energía y nuestro destino no se estanque, pero… ¿por qué?, si a mi lo viejo me gusta… si a mi cada recuerdo me hace tener una referencia simbólica de una etapa de mi vida.

Mi memoria es como la de un pez, es de dos días, no guardo datos ni remembranzas, sólo me acuerdo de lo que hice hoy, ayer o este año a penas…, no retengo nada de atrás.

Pero cuando vivo con estos «objetos­ memoria» en casa, y los acaricio, los traspaso con la mirada de mi pensamiento y revivo con exactitud una escena, concentrada en aquel ente del recuerdo. Por eso no tiro nada, son las referencias de una vida, sin ellos ya no tendría pasado.

Esto es una complicación cuando se trata de elegir que tirar, de que parte de la vida de uno deseamos prescindir, cuando ya solo quedan gratas nostalgias o escenas muy privadas que uno se niega a olvidar.
Como me gustaría ser práctico e insensible hacía los objetos, si consiguiese no ver la vida que encierran detrás, y los viese como meros objetos, sería tan fácil tirarlos… Pero me pregunto a donde irán si los dejo en la calle… ¿que sentirán cuando los eche de casa?, ¿pensarán que los he utilizado mientras me ha dado la gana y luego he prescindido de ellos y de todo lo que evocan, sin amor ninguno, ni respeto, acabando al lado de un contenedor de basura, fríos, solos, abandonados a una muerte en el silencio de un olvido?

Me decía «Rosa Sampedro», una buenísima amiga de toda la vida:
­- Santi los objetos, como las personas tienen una vida y un cometido, cuando ya cumplen su ciclo, y ya han realizado su labor, hay que dejarlos morir tranquilos, no hay que hacerles degenerarse en óxido.

– Todos tienen un tiempo de vida, después hay que dejar que vayan al cementerio de las cosas…, donde se queman y se reciclan en cosas nuevas o simplemente descansan en paz para siempre, con otros amiguitos nuevos, que conocen allí…

– ­Pero Rosa, ¿no me echarán de menos a mí y a mi casa?
­-¡Que va!, si a ellos les encanta, nunca más tienen que trabajar, es como coger unas vacaciones para siempre, ellos serán muy felices en su nueva vida.

Esta Rosa es fantástica, siempre me ha hecho muchísima gracia la forma que tiene Rosa de explicarse, con ese acento de «Ribeira» que le hace parecer brasileña, ella siempre ha sabido tratar mis locuras, me encanta, me parece precioso que me responda en un mismo nivel de lo absurdo, con absoluta serenidad, seriedad y cariño, con su voz dulce y pausada, porque eso me dice lo mucho que me quiere y respeta.

Pero Rosa, ¿que coño me cuentas?… ¡Si la mesa camilla me adora!

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